jueves, 3 de noviembre de 2011

Ocho. Más Dibujo

Uno

Se sienta frente al teclado como todas las mañanas.

Encierra en sus manos el calor de la taza de té que beberá de a sorbos en un rato.

Recuerda que alguna vez fue una niña que dibujaba sentada en el piso en medio de un desparramo de colores.

Escribe esta historia.


Dos

- Es sólo una casa -piensa la niña.

- Es sólo una niña - piensa la madre.

- Es sólo una historia – piensa ella sin dejar de escribir.



Sabe bien que todos tenemos asignada al menos una noche igual de oscura que aquella.

martes, 1 de noviembre de 2011

Siete, Dibujo

Una niña sentada en medio de un desparramo de crayones de colores, dibuja en una hoja una casita de cuentos: el techo rojo, dos ventanas simétricas, prolijas, con sus cortinas verdes, una chimenea de ladrillos con un humo negro que se eleva como un rulo hacia el cielo azul celeste, por detrás del árbol de copa verde y redonda.

“Qué hermoso”, piensa su madre mientras la observa, “Qué hermoso dibujo”

(Ignora lo que para la niña es una temible certeza: que detrás de esa puerta sólo hay demonios, que las cortinas apenas si ocultan el rostro perverso que la atemoriza, que el humo negro y la noche se confunden en un vértigo de monstruos de manos procaces)

En silencio, dibuja.

Quizás pensando que esta vez sí, los demonios van a escapar por esa puerta.
Que en las ventanas no hay más que macetas con flores.
Que en esa noche sólo hay brazos para acunar su sueño.