martes, 25 de octubre de 2011

Uno. Parado Sentada

Parado
en un banco de plaza,
el pibe se piensa capitán de un barco
a la deriva.

Perdido en la tormenta,
arma un catalejo con sus manos.
Lo dirige más allá del horizonte de ventanas,
y busca
faro fuego tinieblas:
la maldita señal de haber llegado.


Sentada
en otro banco de plaza,
la piba ve pasar un mar de caras
perros trajes guardapolvos.

Estira las piernas con sigilo,
prueba apenas con la punta de un pie
pero no.
Definitivamente,
ese mar no moja.

Aprieta en sus dedos las monedas de la tarde,
y espera la nave que no llega.

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